Opinión

La responsabilidad colectiva ante la tiranía digital

Cada día estamos más consumidos y consumidas por las pantallas. Las redes sociales nos están convirtiendo en rehenes digitales y la juventud no escapa a la influencia del algoritmo en nuestras vidas. Sin embargo, hace unos días yendo a mi trabajo vi una escena que me infundo esperanza: me crucé con una mujer joven que empujaba la sillita de su criatura. Hasta aquí todo normal. Lo que me llamó poderosamente la atención, y para bien, es que el pequeño iba “hablando” con su ama mientras señalaba entusiasmado todo lo que veía en un libro. Sí, un cuento de los de toda vida, con letras, dibujos y páginas que pasar con las manos.

En un momento en el que la juventud va móvil en mano y con la pantalla pegada a la nariz, encontrar a una criatura descubriendo el mundo a través de la lectura es casi un acto de resistencia cotidiana. Me acerqué a la madre y caminamos juntas un rato. Charlamos de algo que ambas teníamos claro: la importancia de preservar a la infancia y la juventud del uso excesivo y descontrolado de las pantallas móviles porque a menudo dan acceso a una realidad poco o nada constructiva.

Que niños, niñas y adolescentes tengan acceso a internet tiene su lado positivo: es una herramienta poderosa para aprender, informarse y conectar. Pero también sabemos que los entornos digitales están llenos de riesgos muy serios cuando no hay control público ni supervisión adulta.

Por eso, me parece tan relevante los pasos que ha dado el Ministerio de Juventud e Infancia con el Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, enfocado a garantizar un uso seguro; y la activación del artículo 8 del Estatuto del Ministerio Fiscal para investigar a X, Meta y TikTok por la difusión de pornografía infantil generada con inteligencia artificial. Es una decisión valiente y necesaria.

La única manera de que los espacios digitales sean lugares seguros y libres para todas y todos pasa por más intervención pública, más legislación y más supervisión democrática. Porque no estamos ante plataformas neutrales: estamos ante empresas que diseñan algoritmos para maximizar beneficios a través de la adicción, la sobreexposición y, muchas veces, el malestar emocional. Somos, en demasiadas ocasiones, rehenes del algoritmo y del mundo paralelo que construye.

Y no, esto no va de demonizar internet. Va de derechos. Va de entender que los derechos de niños, niñas y adolescentes también se defienden en la red. Va de asumir que dejar solos a los menores frente a plataformas diseñadas para captar su atención a cualquier precio no es libertad, es abandono.

Tenemos la responsabilidad colectiva de que nuestros jóvenes crezcan protegidos en esta era digital.

Ester Palacio García, responsable de Comunicación de Ezker Anitza-IU

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba